Dios, infinitamente perfecto y bienaventurado en sí mismo, en un designio de pura bondad ha creado libremente al hombre para hacerle partícipe de su vida bienaventurada.
— CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA #1

Una vocación es una invitación—o llamado—de Dios a participar activamente “de su vida bienaventurada.” En otras palabras, Dios nos está llamando a entrar en relación con Él, y la santidad significa vivir y crecer en esa relación. En el sentido universal, entonces, nuestra vocación es la santidad.

Habiéndonos creado, Dios sabe exactamente cómo nuestros dones particulares y pasiones pueden llevarnos a nosotros y a los demás, más cerca de Él, y así, nuestra vocación particular se verá un poco diferente de la de aquellos a nuestro alrededor. Es en nuestra vocación particular que podemos encontrar cómo Dios nos está invitando a un estado de vida donde podamos encontrar generosamente las necesidades de los demás. Una mujer joven que tiene el don de la compasión por los enfermos puede ser llamada a la vida consagrada dentro de una comunidad de hermanas religiosas que sirven en ministerio en un hospital. Un hombre joven que tiene el don del liderazgo puede ser llamado a ser el líder en una parroquia como un sacerdote. Una mujer joven, o un hombre, con el don de enseñar puede ser llamado a la vida matrimonial para enseñar a sus hijos sobre la fe.

Sólo para que esté claro, no estamos hablando de su ocupación aquí. Estamos hablando sobre el estado de vida en el cual Dios puede utilizarlo(a) para llevar a otros al cielo junto con usted.

Recuerde, ya que estamos llamados a estar en relación con Dios y con aquellos a nuestro alrededor, cada vocación se trata del servicio a otros. Una gran pregunta para comenzar a perseguir su vocación es “¿Qué es lo más generoso que puedo hacer con mi vida?”

¡Lea la sección de discernimiento de nuestro sitio web para encontrar cómo usted puede saber sobre lo que Dios tiene reservado para usted!

Porque yo conozco muy bien los planes que tengo proyectados sobre ustedes –oráculo del Señor–: son planes de prosperidad y no de desgracia, para asegurarles un porvenir y una esperanza.
-Jer. 29:11